Epa amigo … oye hermano… escucha colega
UNISTA…es contigo… tú que tuviste a bien abrir este correo y te dispones a leer
con tus ojos lo que desde mi alma escribí en estas líneas, te invito a escuchar
con el corazón este mensaje porque es mi corazón quien te escribe.
Te relato una historia en la cual –dice mi
intuición- tú formas parte. Quizá estuviste en alguno de sus momentos, supiste
de una situación similar o tal vez tú… que lees curiosamente este escrito, viste a alguien tomar una decisión, tenías
competencias para decidir o simplemente, fuiste tú quien la tomó. Se trata de una historia que se
desarrolló “en el seno de la
intelectualidad”, justo aquí, donde
estudias, donde trabajas, desde donde gerencias la academia, donde te reúnes a
discutir el destino de tu comunidad; sí
hermano, me refiero a una historia que te pertenece aquí, en la Universidad del
Futuro, en nuestra noble casa de estudios, La Universidad Nacional
Abierta. Se trata de una historia inspirada en la vida real, lo que estoy
segura que dudarás, pero te doy fe de ello, una historia que creo responde a
los criterios para ser clasificada como “drama y misterio”.
En mi cuarto año de ejercicio profesional se
aperturó mi concurso de oposición y, casi al mismo tiempo de enterarme de la
noticia, supe que estaba embarazada.
Entonces no dudé en pensar que la vida había sido inmensamente generosa
conmigo, una vez más. Creo que allí comienza esta historia, difícil reflexión a la que me lleva la necesidad de darle
inicio a este relato.
Animada con mis buenas nuevas inicié el rumbo
que me llevaría siete meses después a
dos maravillosas alegrías. Nunca pude imaginar cuán duro sería ese camino. Durante los primeros tres meses de embarazo
me vi en la necesidad de estudiar para dos concursos; “no se harán más concursos en el área de Extensión Universitaria”,
así que debes elegir alguna carrera. La idea de reencontrarme con mi
tecnocrático enfoque de la vida no me animó; sin embargo, mi situación me
obligaba a responder de inmediato a ambos escenarios y así lo hice. Aunque me
formé en una carrera técnica, la vida me llevó a descubrir en mi una vocación
fuertemente humanista, que desde hace un
poco más de diez años me facilitó los méritos para ingresar al sistema de
educación superior y hacer de mi trabajo un modo de vida, mi hobbie, mi relax.
Ingresé a esta casa de estudios como
Responsable de Extensión nada menos que en la Perla del Caribe, en el año 2004. Recuerdo
en una de mis primeras actividades en
las comunidades haber escuchado a un pescador, que precisaba delimitar el
problema de su comunidad, decir: “profesora,
el problema central es que somos infelices, vivimos en un mundo paralelo , hay
dos margaritas, la que se vende al turista y la que que vivimos los pescadores,
triste , desoladora , hemos sido desplazados, hemos sido invadidos...”. Mi
esposo me atrapó en sus brazos pues al llegar a casa ahogada de llanto no pude
sostenerme en pie.
Comencé un año después a desarrollar el área
de servicio comunitario en mi Centro Local inspirada en el proyecto de
inserción de la extensión en el currículo de las carreras, en la experiencia
acumulada y en el firme deseo de ser útil para aquella realidad social.
Años de experiencia me inspiraron a
desarrollar toda una plataforma para el registro, control y seguimiento del
servicio comunitario. Quizá tu que me lees, alguna vez has recibido los correos
del conocido grupo de colaboración virtual “serviciocomunitariounane” o quizá
eres una de esas profesoras de servicio comunitario de otros centros locales
quienes me escribieron y con quienes tuve esa grata experiencia de asesorar a
distancia, o tal vez eres uno de esos estudiantes de otros Centros Locales a
quien también asesoré a distancia. Tal vez por error llegó esta historia a tus
manos y seas uno de esos coordinadores de servicio comunitario de otras
universidades que solicitaron mi asesoría para implementar el área en sus
universidades. O puedes ser tú, amigo y vecino de la comunidad que haces de
esta casa de estudio tu lugar de decisiones. Quien quiera que seas, amigo, si
estás allí es porque esta historia también
te pertenece.
En esos mismos meses en los que ubiqué el inicio de esta historia,
mi embarazo comenzó a dar indicios de riesgo, una fuga de líquido inició al
cuarto mes. Confiada en las indicaciones de mi médico y sostenida en los brazos
de mi familia, comencé un largo y muy
difícil período de reposo absoluto. En
medio de este panorama recibí la esperada noticia: “el concurso será en Extensión Universitaria”. La necesidad agudiza
el ingenio, nadie puede imaginar cuánto. Desde un reposo donde el solo levantar
la cabeza amenazaba con aumentar la fuga, mi empeño, los cuidados de mi médico
y el indudable amor de mi familia nos permitieron diseñar un súper sistema
tecnológico que, aunque no era muy cómodo, me permitía desde mi almohada
escribir en mi computadora sin mayor esfuerzo abdominal, al tiempo que
solicitaba concesiones a la universidad para atenuar los riesgos de salud para
mí y para mi bebé en gestación: prórroga del concurso, ubicar mis pruebas en el
primer día del calendario de concurso o trasladar al jurado a mi centro local,
todas con antecedentes institucionales.
Supe que la opción de la prórroga era
imposible, ya se había inscrito otro candidato…que susto!. Recibí una amable llamada institucional
invitándome a retirarme del concurso, pues, si se aperturaba algún otro cargo,
sería mío. ¿Algún otro cargo?. En ese momento no se sabía que sucedería después con el servicio comunitario…
al menos no era una información pública. Al imaginarme abandonando mi vocación,
recuerdo haberme negado argumentando: el trabajo social es mi modo de vida, no
es exactamente un cargo. Tiempo después me enteré que esa frase fue utilizada
para cometer lo que considero una atroz injusticia en mi contra, una injusticia
que es posible que también te afecte amigo porque somos todos en la UNA.
De las otras alternativas nunca tuve
respuesta. Me enteré el mismo día del concurso que la otra concursante nunca
fue informada de mi solicitud y que le habría favorecido el concurso en Nueva
Esparta. En ese momento tampoco imaginaba que la ausencia de respuesta formal institucional podría convertirse en mi
pesadilla más recurrente dentro de la institución.
Finalmente, viajé a Caracas en las fechas de
las pruebas, era mi semana 35 de embarazo, siendo la semana tope para vuelos
aéreos la semana 34. Recuerdo que desde temprano, antes de la prueba escrita
sufrí una serie de contracciones y la fuga era mayor después de la
descompresión del vuelo. Pregunté antes del examen donde quedaba la clínica más
cercana y me tranquilizó estar muy cerca del posible lugar de nacimiento de mi
niña. La ayuda de mi inseparable almohada,
mis medicinas y el amor de mi familia me facilitaron superar las pruebas
de mi concurso, alcanzando la calificación máxima en la escala de evaluación
(20 ptos) , ya era ordinaria en un cargo a medio tiempo de dedicación… qué
éxito!!!. Veinte días después tuve una hermosa bebé, hermosa amigo, créeme, realmente
hermosa. La vida fue realmente generosa conmigo, en algún momento me pregunté
se lo merecía y ofrecí a la
Virgen del Valle mi anillo de pregrado, segura de que su
infinita bondad ante mis oraciones me había hecho el milagro. Eres realmente
milagrosa Virgencita .. no dudo que justo en este momento me animas a recibir
una gran lección de vida.
Durante mi receso postnatal aproveché para
adelantar tareas de mi doctorado, que por cierto me había sido becado por el
Ministerio de Ciencia y Tecnología con el aval de la U N A. Asistí a la universidad
para solicitar al Consejo Directivo me concediera el aval necesario para
renovar mi beca al segundo año. Los días pasaron e inició otra tortuosa carrera
contra el tiempo. Un nuevo silencio institucional me impidió obtener un
beneficio laboral, en esta oportunidad: mantener mi beca. De pronto tú, mi
amigo lector conoces la respuesta. Hasta el momento, nunca he obtenido
respuesta formal a mi solicitud. Algunas preguntas que nunca pude entender: ¿quién te dijo que tomaras esa beca, si la
universidad te financia todo?. Tal vez tú,
que ahora me lees, hayas disfrutado esa misma beca y estarás pensando en
lo ilógico de esa pregunta, obviamente verbal; o quizá estés de acuerdo con la
pregunta y puedas orientarme para entenderla. Pudiera parecer éste un buen tema
de cierre, pero como un día escuché decir siempre
hay posibilidad de llegar más abajo.
Luego de llevar ambas áreas (Extensión
Universitaria y Servicio Comunitario) durante tres años en una dedicación de
medio tiempo, me enteré de una nueva noticia: el servicio comunitario sería
asignado a un cargo a tiempo completo. En ese momento la inocencia me llevó a
pensar que si se abría dicho cargo, sería para mi: por la experiencia en el
área de proyectos sociales, por mi antigüedad (única profesora del Centro Local
que quedaba a medio tiempo), por haberme formado en el curso de capacitación
ofrecido por la institución, pero fundamentalmente porque creo en la meritocraaciaaaa . Disculpa que bajara tanto la voz es que
todavía no estoy segura que sea un término muy apreciado y no quiero levantar
sospechas en este momento. Pues bien, en un tercer intento volví a elevar una
solicitud al Consejo Directivo, esta vez haciendo lo que hicieron muchos
colegas a nivel nacional -con o sin la experiencia pero con el derecho
implícito a mejorar la condición laboral- solicité ser transferida a dicho
cargo para mejorar mi dedicación y continuar desarrollando el área bajo mejores
condiciones laborales. Hice la solicitud en Noviembre del año pasado e inicié nuevamente el mismo y doloroso
viacrucis de las experiencias anteriores. Respuestas negativas verbales y
ninguna información oficial, mucho menos escrita que explicara con argumentos
académicos la decisión.
Tuve el apoyo de mi gremio en el Centro Local
y el semestre pasado continué desarrollando el área de servicio comunitario.
Respondí instrucciones del Centro Local y otras de nivel central donde me
preguntaban sobre mi experiencia en servicio comunitario, me exhortaban a
atender a los estudiantes, entregar informes, enviar actas de culminación,
responder a largos cuestionarios que por vía telefónica buscaban conocer a
fondo mi experiencia, fueron noticias de cada día: “profesora, queremos que sepa que estamos utilizando su experiencia como
referencia a nivel nacional, usaremos sus formatos con algunas adaptaciones
necesarias, la invitamos a participar en el grupo de discusión en la web ya que
necesitamos sus apreciaciones y además….”.
Obviamente toda esa comunicación me invitó
nuevamente a pensar que en este inicio de semestre llegaría mi resolución. Fue
mi solicitud la única de todos los Centros Locales que nunca fue aprobada sin
explicación alguna. Hace pocos días
amigo, saliendo un estudiante de asesoría del servicio comunitario, una
secretaria del centro local entró a mi cubículo para decir: “Te presento a la profesora de servicio
comunitario”. Que particular forma
de gerenciar la academia, que particular; pero en mi intento de convivencia me
repito: <<es
solo un estilo gerencial, nada personal, pasa la página karlita.>>
Supongo que podrá ser desconcertante lo que
te voy a decir, para mi familia lo fue. Una extraña paz me invadió. Lo dije a
varios de mis colegas, molestos por la noticia: creo que por fin entiendo a esas madres de hijos desaparecidos que luego de mucho tiempo buscándolo se
enteran que ha muerto y se atreven a decir: me siento más tranquila. Nada peor que la incertidumbre amigo. Te
anuncio: <<se
desapareció mi hijo, amigo!!!, dame UNAbrazo!!!…mi hijo es el fruto de mi
experiencia en el trabajo social, tiene una mirada justa, mi hijo quería
cambiar al mundo, se parece un poco a la libertad pero aún le faltaba mayoría
de edad para disfrutarla plenamente, te hablo del varoncito que me dio la vida:
mi trabajo en el servicio comunitario, lo tuve en la academia y esperaba que creciera a mi lado. >>
La vida me trae ahora un gran dilema amigo.
Si tú que me sigues leyendo, has trabajado el área social, sabes que es una
máxima del mismo: la humildad y el desprendimiento, entonces me entenderás
cuando te diga que mi experiencia de años me obliga a desprenderme, porque en
lugar de explicar la lección, en este momento mi corazón y mi alma me obligan a
“experimentar la lección de humildad” , aún en contra de esa voz interna que me tienta, que me
sonsaca, que persiste en mi mente y me obliga a escribirte para que en este
ejercicio yo misma pueda entenderlo, para que pueda creérmelo: nada de lo que
hice por los demás puedo tomar para mi, todo aquello que hice por ellos y para
ellos les pertenece (recuérdame que debo repetirlo mañana). ¿Ahora entiendes
por qué he decidido escribirte?. Llamarse a sí mismo “humanista” impone actos
consecuentes con esa condición. La
consecuencia de llamarse “academicista” ameritaría un comportamiento similar.
Hoy hablé contigo, en tu inocencia me
confesaste que no tienes experiencia en el área de proyectos sociales y que vienes de nivel central, Caracas porque “te concedieron un traslado de personal
administrativo en la oficina de reclutamiento y selección, al cargo docente de
Asesor de Servicio Comunitario”… Me dirijo a ti, nueva amiga. Con el hábito
ya adquirido del hermoso pueblo margariteño de recibir con brazos abiertos a
quien decide vivir en él y con el mismo sentimiento de aquel pescador que a pesar
de sentirse invadido alimenta con su pesca sin egoismo: ¡te doy la bienvenida a la que ahora es mi
tierra y comienza a ser tuya!, ¡te doy la bienvenida a mi Centro Local!, ahora
el lugar donde crecerás sin duda alguna como persona, como profesional, y ¡te
doy la bienvenida muy especialmente a mí vida!, porque has llegado como
emisaria de este mensaje que me da la vida, ese mensaje que aún intento
descifrar afanadamente. Y en mi tarea de
ser consecuente con lo que creo me corresponde darte mi mano, literalmente:
“darte mi mano” mientras continúo luchando por lo que considero mis derechos,
porque no dejaré de hacerlo mientras viva. Sólo te voy a pedir a cambio algo,
nueva amiga: paciencia, pues atendiendo a otra máxima humanista: nunca
te daré el pez, pero te enseñaré a pescar.
Ahora te hablo a ti hermano, hermana, colega, a ti que tomaste
esta decisión, que formaste parte de ella y de las anteriores, a tí que puedes
estar pensando y sintiendo tantas cosas. Ahora te hablo a tí, que pudiste
haberme leído desde el corazón y haber entendido que mi insistencia respondía a
mi vocación, a la necesaria justicia a la que aspira quien cree y es
consecuente con la meritocracia, o con la academia; o que pudiste haberme leído
con los mismos ojos con los que leíste todas mis solicitudes anteriores y
entonces te imagino invadido de ira. Hermano, hermana, ¿qué aprendizaje te deja
toda esta historia?. Colega, ¿crees acaso consecuente con un discurso
academicista, argumentar verbalmente que no puedo cambiar mi condición de
dedicación porque apenas concursé el año pasado, cuando son públicos los casos
similares en que si lo aprobaste?; o que
no puedo optar al cargo “porque tengo muchos beneficios” argumento inexistente
en ninguna norma o que “es incompatible con un supuesto y también inexistente
otro cargo en otra institución”.
Como quiera que todo lo que baja en algún
momento toca fondo, sigo insistiendo en mis derechos, seguiré dirigiéndome a
ti, estudiante, colega, autoridad de hoy o del mañana, sin miedo y con la esperanza
de conseguir lo que busco: justicia, meritocracia y academicismo. Entonces te
anuncio públicamente la entrega de mi trabajo de ascenso; obviamente no se
trata de mi Trabajo Especial de Grado de la Especialización,
pues ya estoy al tanto de que se trata de uno de esos hermosos hijos no
reconocidos por su padre.
La verdadera y única riqueza de no haber
recibido nada está en la agradable sensación de sentir que no se tiene nada que
perder, en no tener miedo cuando escuchas
<<cuidado que te pueden rechazar todas tus solicitudes>>. No se
puede perder lo que nunca se ha tenido amigo, de tal forma que cierro esta
historia con mi insistencia en dirigirme a ti, solo para recordarte que: si
luego de analizarlo consideras que no ha habido errores, si realmente te
satisface tu decisión, serán muchos momentos en los que querrás hablar de la
justicia, de academia y entonces no sabrás si quien te escucha leyó este relato
desde el corazón, o si recibió el mismo trato alguna vez, o si estuvo cerca de
una situación similar. Entonces finalizo
diciéndote, como acostumbro, desde mi
corazón: No te permitas hermano llegar a un estado desde el cual no puedas
hablar de justicia o de academia, sin sentir al menos un sutil espasmo moral.
Karlita España
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